¡Y se hizo la luz!

En la era de los tablets y los juguetes electrónicos, a veces nos olvidamos de que son los materiales más sencillos los que más estimulan la imaginación de los niños.

Por eso, aprovechando que estamos en “la semana de los sentidos”, os proponemos una actividad para trabajar el sentido de la vista que se puede realizar con objetos cotidianos, de esos que todos tenemos en casa, y que usados con un poco de inventiva, pueden proporcionarnos horas de diversión.

MATERIALES

  • Un foco de luz o una lámpara, lo más intensa posible.
  • Una sábana, cuanto más grande mejor.

OBJETIVOS

  • Fomentar la visión abstracta de objetos y gestos cotidianos.
  • Reconocer a los compañeros del juego únicamente gracias a sus sombras.
  • Disfrutar descubriendo los sentidos de los que la naturaleza nos ha dotado.

DESARROLLO DE LA ACTIVIDAD

Para empezar, deberemos colocar el foco lejos del alcance de nuestros niños y nuestras niñas, apuntando con la luz hacia donde se vaya a posicionar nuestro “público”. A continuación dejaremos un espacio de 1 ó 2 metros y colgaremos la sábana o la tela que hayamos elegido, de forma que quede firme.

A partir de ahí, hay múltiples variantes. La más básica es pedir a alguno o algunos de los niños que se pongan entre el foco y la sábana, y pedirles que hagan gestos mientras el resto mira.

También podemos pedir a un grupo de niños y niñas que se pongan detrás de la sábana, y luego retar al “público” a que los vaya identificando uno a uno, solo a través de sus sombras (¡prestad especial atención en este caso a que no se puedan ver los pies por debajo de la sábana!).

Otra opción es que nosotros elijamos a un niño o una niña y le pidamos que se ponga detrás de la sábana, mientras el resto se tapa los ojos, para a continuación tratar de adivinar quién es la persona que está detrás.

También podemos introducir figuras de animales que podamos hacer con las sombras de las manos (gato, perro, paloma, lobo…), y jugar a adivinar de qué animal se trata.

Por último, podemos aprovechar la infraestructura para hacer un cuento con sombras, recortando en papel o cartulina las siluetas de los personajes y moviéndolos detrás de la sábana.

Como veis, esta actividad tiene una gran cantidad de variantes. ¿Se os ocurre alguna más?

Nuevos territorios para pequeños exploradores

El enriquecimiento continuo de las cinco aulas de 1 a 3 años ha sido una prioridad en lo que llevamos de curso. ¡A esas edades crecen tan rápido que es todo un reto adaptar sus entornos con esa misma velocidad! Para conseguirlo, hemos hecho un gran esfuerzo estudiando minuciosamente la respuesta de los niños ante la organización de sus espacios, y seguimos muy de cerca sus necesidades, asegurándonos de responder con la distribución, los materiales y las actividades más apropiadas en cada momento, con una oferta que permita a cada niño evolucionar a su propio ritmo. Lógicamente, también les tocaba el turno a nuestros bebés. ¡Ellos no iban a ser menos!

Somos muy conscientes de que los cambios en el ambiente de niños tan pequeños deben ser continuos pero graduales, y por eso hemos ido poco a poco, reflexionando cada detalle, y lo cierto es que estamos muy satisfechos con el resultado final.

El aula de los bebés es un espacio respetuoso, amoroso, que responde a las necesidades de cada uno y fomenta su independencia desde los primeros meses. Un espacio que permite la exploración libre y el descubrimiento continuado, en la medida en la que ellos quieran.

Un espacio luminoso gracias a esa cristalera frontal que llena el aula de luz y les permite estar en contacto con lo que pasa fuera…¡porque les chifla estar al tanto de todo! Con áreas claramente diferenciadas para el movimiento, la exploración sensorial, el lenguaje, el descanso, la higiene y la alimentación. Y al mismo tiempo, comunicadas entre sí, permitiendo recorridos abiertos. Un espacio bonito, a su medida, donde todo tiene un propósito, pensado para ellos y que invita a quedarse.

Durante el primer año de vida, los bebés son exploradores sistemáticos y aprendices incansables. Quieren aprender a hablar y desarrollan todos los sentidos pero sobre todo, es el tiempo en el que el movimiento y las ganas de aprender a caminar absorben casi toda su atención. También el vínculo afectivo con sus personas de referencia y el orden en sus rutinas les proporcionan seguridad y confianza. Por esto, los cambios más destacables son la zona de motricidad gruesa y la reubicación de la zona de alimentación.

¡Nuestros niños disfrutan ya del mejor “baby-gym” de la ciudad! A diario podemos verlos pasando de las barras de apoyo para aprender a caminar, al túnel para el gateo o a los módulos de planos inclinados. ¡Dentro de nada ya estarán en el balancín!

Están en plena forma aprendiendo a desplazarse, lo que también les hace más independientes y les permite explorar más y mejor el mundo que les brinda su aula. El secreto del éxito son las nuevas herramientas Pikler que están diseñadas en base a los resultados de décadas de estudio científico del desarrollo motor de los más pequeños y ante todo, la libertad absoluta de movimiento.

También los tiempos dedicados al sueño, a la higiene y a la alimentación son clave para los bebés física y emocionalmente. Por eso hemos habilitado la zona de comer cerca de las cunas, agrupando así estos tres “cuidados esenciales” (alimentación, sueño e higiene). Con el sillón de Simona cerquita, es el lugar perfecto para un achuchón más! También así hemos liberado la zona de “trabajo”, dejando un espacio más diáfano para la exploración. La nueva distribución proporciona mayor calma y mejor organización.

A nosotros nos encanta, pero lo mejor ha sido la respuesta de los niños… ¡no hay quien los pare!

Arriba las manos

“¡Niño, no toques eso!”

“¡Las manos quietas!”

“¡Eso no se toca!”

La de veces que habremos oído estas frases u otras parecidas cuando éramos pequeños… Tal vez por eso en las escuela nos gustan tanto las actividades basadas en el tacto y la manipulación de objetos y texturas. Y es que los niños exploran y aprenden sobre el mundo que les rodea usando sus sentidos: tacto, gusto, olfato, oído y vista.

En la actividad que os proponemos hoy  nos hemos centrado en el tacto, ofreciendo la posibilidad de disfrutar y manipular diferentes texturas. A través del sentido del tacto obtenemos mucha información: que las cosas pueden ser duras, blandas, pegajosas, húmedas, secas, grandes, pequeñas, lisas, rugosas, calientes, frías, etc… Estas experiencias provocan otras oportunidades valiosas de aprendizaje en niños de 6 meses a 3 años, como los contrastes o las clasificaciones, que empiezan a su vez a preparar la mente matemática.

Es importante proporcionar variedad y dejar a los niños libertad en su exploración. El rol del adulto es preparar y disponer los materiales y no interferir más que para responder a posibles preguntas. Tampoco debemos corregir a los niños si pensamos que no están manipulando los materiales como nosotros esperamos. Todo forma parte del proceso de descubrimiento. Sólo tomaremos parte activa si hay peligro o si no se hace buen uso de los recursos.

OBJETIVOS:

  • Conocer, reconocer los sentidos y el órgano que cumple la función de cada uno de ellos.
  • Expresar y comunicar gustos y preferencias por las diferentes texturas.
  • Disfrutar de la experiencia sensorial.

MATERIALES:

Bandejas o cubetas de tamaños similares con diferentes materiales. Estas son las que utilizamos nosotros en clase:

  • Lanas
  • Conchas
  • Yogurt
  • Arena
  • Agua caliente.
  • Agua con hielos.
  • Papel ondulado
  • Troncos de madera
  • Garbanzos
  • Blandiblub
  • Plumas
  • Pasta cocida
  • Harina
  • Arroz
  • Césped
  • Estropajos
  • Esponja
  • Tela de saco.

DESARROLLO DE LA ACTIVIDAD

Se presentará a cada niño las diferentes texturas y se les indicará que se coloquen delante de una bandeja, cada 1 minuto o 2 se pasarán a la bandeja de al lado, hasta que todos hayan pasado por todas las bandejas.

CONCLUSIÓN:

Para terminar, haremos un circulo para que cada uno pueda decir e identificar cuál es la textura que más les ha gustado y por qué.

Os animamos a que probéis esta actividad en casa con vuestros hijos. Primero porque seguro que os da pie a pasar un rato instructivo y divertido con ellos. Y segundo, porque os proporcionará la oportunidad de ejecutar una pequeña venganza, la de poder repetir hasta cansarse: “¡Niño, esto sí se toca!

 

 

¡Que aproveche!

Croquetas de pescado con autonomía, crema de coliflor con autoestima, puré a lo “yo solo puedo”… Los platos del menú de ituitu están incorporando nuevos y sabrosos ingredientes. Y es que este mes los niños han estrenado un nuevo espacio de comedor y lo que es más importante, viven una nueva experiencia a la hora de comer. Una experiencia diseñada para potenciar sus conquistas de este curso y continuar favoreciendo su autonomía.

Todos los días, hacia las 11:45, tras haberse lavado las manos, los más de 30 niños de las aula del Mar y el Bosque que se quedan a comer, entran en el aula polivalente y muy seguros de sí mismos se organizan para comer. Puede parecer que es por arte de magia que reine tanta calma y todos coman tan bien, pero no… es planificación, observación y muchas ganas. Bueno, ¡y la riquísima comida de Maribel, claro!

Sentirse autónomos tan pequeños les ayuda a fortalecer la imagen que tienen de sí mismos, y su confianza para continuar aceptando retos. Además, cuando se sienten útiles dentro de un grupo, se refuerza el tan necesario sentimiento de pertenencia social. Por eso, en ituitu la autonomía la trabajamos sin prisa pero sin pausa a lo largo de todo año, en todos los aspectos, dentro y fuera del aula.

Los adultos jugamos un papel esencial en este proceso. Nuestra función es doble: proporcionar a los niños oportunidades en las que puedan tener éxito y resistir la tentación de ayudarles en todo momento.

En septiembre, cuando llegaba la hora de comer, nuestro objetivo era que los niños pudieran sentarse y comer tranquilos. Parece tarea sencilla, pero no siempre era posible. Superado el periodo de adaptación, comenzamos a incrementar poco a poco la colaboración más activa de nuestros comensales. Por ejemplo, darles los pechitos para que se los pusieran ellos solos o pedir un par de voluntarios para repartir los cubiertos. A finales de febrero, las profesoras valoraron que el grupo entero estaba listo para mayores retos, pero observaron que necesitaban más espacio para poder seguir avanzando. Así, reubicaron el comedor dentro de la misma aula polivalente e integrando las rutinas que ya formaban parte del proceso diario, lo redefinieron de principio a fin. El resultado, un grupo grande de niños de entre 2 y 3 años que disfruta comiendo y no necesita prácticamente de la intervención de los adultos a su cargo.

Y esto es lo que ocurre… Hacia las 11:45, los niños entran ordenadamente en el comedor, toman sus pechitos (que ya nadie les da), se los ponen y toman asiento. Ayudan a poner el mantel, mientras dos compañeros reparten las cucharas para el primer plato.

Una vez están listos, por mesas, se van levantando a por su comida y vuelven a su sitio. Al terminar, vacían sus sobras (¡cuando las hay!), dejan el cubierto sucio y el plato en los puntos dispuestos para ello.

A continuación, cogen su segundo plato. Repiten el proceso para el postre, y cuando han acabado, dejan sus pechitos sucios en el lugar indicado. De nuevo en orden y por grupos, vuelven a sus aulas para asearse y preparase para una merecida siesta.

Mientras ellos comen, las profesoras reparten las cestas del pan, sirven agua o más platos cuando alguien quiere repetir, y están disponibles para lo que cualquiera pudiera necesitar.

El secreto de su éxito: hacer protagonistas a los niños de principio a fin, proporcionándoles las condiciones necesarias para que puedan valerse por sí mismos. El resultado: niños satisfechos, una ambiente más tranquilo y ordenado y una comida más deliciosa si cabe. Porque cualquier plato está más sabroso cuando le añades una cucharadita de confianza, medio vasito de autoestima y una pizca de responsabilidad.