¿Quién dice que los bebés no juegan? El Cesto del Tesoro

El Cesto del Tesoro es un juego de estimulación temprana para los bebés. Una actividad ideal desde el momento en que son capaces de sentarse cómodamente hasta que empiecen a gatear.
El juego de El cesto del tesoro consiste en situar en el suelo una cesta llena de diferentes objetos cotidianos, de manera que los niños, sentados en el suelo puedan acceder fácilmente y explorarlos sensorialmente.
Los objetivos que se trabajan con este juego son:

Estimular la percepción auditiva, visual, táctil, olfativa y gustativa.
Desarrollar la capacidad de coordinación mano-ojo-boca.
Favorecer el conocimiento de objetos de su entorno.
Potenciar la curiosidad por descubrir las cualidades de su entorno.
Ofrecer una oportunidad para que aprenda por él mismo.
Aumentar la capacidad de concentración.
Desarrollar la capacidad de exploración.
Estructurar el pensamiento.


Materiales :
La selección de objetos de El cesta del Tesoro se debe hacer en función de las siguientes características:
Deben ser materiales diferentes (de madera, hierro, tela..)
Tienen que despertar al máximo todos los sentidos, por lo cual, se recomienda jugar con las texturas, el peso, el volumen, el color, el sonido, etc. Se trata de que el bebé experimente todas las experiencias sensoriales que sean posibles.
El cesto debe tener unos 35 cm de diámetro y 10 de altura. La base debe ser plana, sin asas y fuerte para que puedan apoyarse en el sin que se vuelque.
Objetos naturales: piñas, piedras grandes, conchas, castañas grandes, plumas grandes, piedra pómez, corchos de tamaños grandes, esponja vegetal, limón etc
Objetos de materiales naturales: ovillo de lana, esterilla de rafia pequeña, cepillo de dientes, brocha de pintor…
Objetos de madera: cajas pequeñas, tambor pequeño, castañuelas, pinzas de la ropa, cubos, servilleteros, cuchara…
Objetos de metal: cucharas, manojo de llaves, embudo pequeño, armónica, llaveros, manojo de cascabeles, colador de té, tapas de botes…
Objetos de cuero, tela, piel: hueso para perros, monedero de cuero, pelota que bote, trozo de tubo de goma, muñeca de trapo pequeña, pelotas de tenis, oso de peluche, bolsa cerrada con abalorios…
Objetos de papel o cartón: libreta pequeña con espiral, papel de aluminio, cajas de cartón pequeñas, rollos de papel de cocina…


El juego:
El adulto se encargará de la elección de los objetos que deberán de ser adecuados para los más pequeños, teniendo en cuenta que va dirigida a bebés que tienen a metérselo todo en la boca. Para la selección de los objetos se debe tener en cuenta que no deben de ser nunca juguetes comerciales ni objetos de plástico, que simplemente nos aportan como estímulo el color, sino objetos de uso diario.

Hay que llenarlo de objetos hasta el borde para que tengan gran cantidad de objetos para escoger los que más le atraigan. El adulto debe sentarse cerca sin hablar ni intervenir, a menos que el niño necesite que se le atienda. El Cesto del Tesoro debe cambiar y evolucionar continuamente con la introducción de objetos nuevos. Por eso, es esencial que el adulto no intervenga en ningún momento y esté observando a una cierta distancia, sin darle los objetos al niño, ni decirle cómo manipularlos. Únicamente estará allí para ofrecerle la seguridad con su mirada y atender sus necesidades cuando sea oportuno.


A través de este proceso de observación podemos identificar las preferencias y las actitudes del niño con cada objeto y decidir cómo iremos renovando los contenidos. Como veis, no es necesario llenar a los pequeños de toneladas de juguetes caros que limitan su creatividad y a los que, muchas veces, no hacen ni caso. El Cesto del Tesoro es una actividad económica y fácil de preparar en casa, en la que estaremos potenciando el desarrollo integral gracias a la estimulación de los sentidos del bebé y la autonomía o “poder de decisión” que les proporciona.

Septiembre ¡superado y con nota!

Superado septiembre, vuelve a reinar la alegría y la calma en nuestras aulas.
El comienzo de curso es siempre un periodo de incertidumbre. No sabemos cómo reaccionará cada niño antes los cambios y la separación de los padres y esto causa preocupación entre los mayores. Cuando esa incertidumbre da paso a la certeza de que hoy también se ha quedado llorando, la preocupación se transforma en dolor. Somos muy conscientes de que el conocido “periodo de adaptación” puede ser duro para todos, grandes y pequeños. Por eso es importante tener presente que la clave está en ofrecerles seguridad. La seguridad les genera confianza y la confianza les permite disfrutar de su día.
La seguridad la transmitimos todos. En casa debe hablarse con naturalidad del “cole”, sin excusar nuestra ausencia, pena ni sentimiento de culpabilidad. La llegada puntual y las despedidas breves han ayudado muchísimo a que la entrada sea tranquila. ¡Mil gracias, familias!

Desde la escuela, la seguridad se consigue afianzando hábitos y rutinas y con mucho, mucho mimo. Por eso, a los largo de estas semanas hemos ido introduciéndolos poco a poco. Ya todos hemos empezado con nuestras asambleas matutinas – es un logro que todos se sienten en la alfombra y participen contentos en el proceso, bien sea la canción de buenos días o ver quién ha venido hoy.

 También nos sentamos para almorzar y merendar juntos y dormimos una buena siesta del tirón. Los más mayores ya tienen controlados los momentos de higiene y aseo y participan todos en las actividades de grupo. Todo ocurre del mismo modo cada día, con los mismos tiempos, en los mismos espacios y las mismas profes, que les regalan su cariño y su atención a diario.

Cada septiembre hay niños que encuentran su mayor confort en el patio, un espacio abierto donde pueden explorar a sus anchas. Otros, prefieren la seguridad que les ofrece el espacio más reducido de sus aulas. Así, equilibramos los tiempos para que todos tengan su mejor momento. Unos necesitan subir y bajar, a otros les atrae todo lo que involucre el esfuerzo de la mano – meter, sacar, abrir y cerrar.

Este es un mes que requiere mucha observación por nuestra parte. Como resultado, ya podéis ver algunos cambios en las aulas, con nuevos materiales que se van ajustando a sus necesidades, ahora que los vamos conociendo mejor. Incluso, en algunas ocasiones, ¡hasta los han fabricado ellos mismos! Lo que todos parecen tener en común es el amor por la música. Ritmos distintos para ocasiones distintas que asociamos a actividades concretas – como la famosa canción de “a guardar, a guardar” – y les ayudan a anticipar lo que viene ahora.
Poco a poco y todos juntos estamos convencidas de que lograremos un año más hacer de ituitu un lugar fantástico, del que los niños no se quieran ir cuando vienen a por ellos. ¡Y lo estamos consiguiendo! Ya hay algunos que se marchan a regañadientes… y no hay mejor testimonio que un niño que quiere quedarse un poquito más.