Amalia o la pasión por la educación que crece como un baobab

Haznos una breve descripción de ti misma y de cómo nace tu interés por la educación infantil.

Me llamo Amalia, tengo 36 años y soy Maestra de Educación Infantil. También soy madre de dos hijos fantásticos, una niña de 9 y un nene de 7 años.
Me considero una persona cercana, cariñosa, activa, soñadora, creativa y pasional.
El interés por la educación infantil no es más que aquello que durante toda la vida te acompaña. Desde que tengo uso de razón, he sentido debilidad por los más pequeños. Esos pequeños que no saben nada y que contigo aprenden a hacerlo todo. Los considero mágicos ya que su mera presencia es capaz de llenarme interiormente. Son divertidos, auténticos, fantasiosos, creativos, soñadores, asombrosos… Me gusta agacharme a su altura y escucharlos. Ellos son capaces de ver los detalles de lo cotidiano. Su sentido del asombro ante cualquier cosa es admirable y sorprendente. La infancia es uno de los momentos de la vida más felices y considero que más importantes porque se forja la base de la persona. Creo que es increíble poder acompañarlos justo en ese preciso momento. Y de ahí, surge mi pasión por la educación en la primera infancia.

¿Qué experiencia has tenido en el campo de la educación antes de incorporarte a ituitu?

Mi experiencia empieza muy pronto. A los 16 años ya era monitora del grupo Junior de mi pueblo. A los 18 años comencé a estudiar técnico en educación infantil. Hice 6 meses de prácticas en el Centro de Educación Infantil Solc, el primer sitio donde confiaron en mí. Trabajé allí durante ocho años, como auxiliar, técnico y coordinadora pedagógica. Allí descubrí la verdadera pasión por mi trabajo.
Por eso hice después la carrera de magisterio infantil y trabaje tres años en el Centro de Educación Infantil 2 Hands and feet como maestra. En la última etapa de mi carrera lideré la creación del Centro de educación Infantil Baobab en L’Eliana. Elegí el nombre por la cita de El principito “antes de crecer, los baobab comienzan siendo pequeños” Desde allí llego a ituitu como Directora de la escuela y donde estoy segura de seguir creciendo profesionalmente.

¿Qué balance haces del tiempo que llevas en la escuela?

Llevo tan solo tres semanas en la escuela. Creo que como nuestros alumnos a principio de curso, estoy en pleno periodo de adaptación. Este periodo es muy importante, y un tema de gran interés para mí. Espero escribiros pronto más ampliamente sobre él.
Por el momento, puedo decir que cada día conozco mejor a cada niño, lo que me ayuda a sentirme más cercana con las familias. Creo en el gran equipo que forma la escuela porque cuanto más conozco y observo a mis compañeras, más me demuestran que trabajan para ofrecer una educación diferente, cercana, creativa y experiencial. Vamos a trabajar muy bien juntas.
Solo puedo que agradecer a Cristina y Jaime la confianza y la oportunidad de formar parte del equipo. A mis compañeras, el acogerme junto a ellas, y hacerme partícipe de su día a día. Y a las familias, la cercanía, la paciencia, y la amabilidad que me están ofreciendo. Creo que en ituitu hay todo un mundo de posibilidades.

¿Cuáles son tus metas para este año?

Poder aportar a la vez que poder aprender. Crecer juntos, aprender de los niños, de las compañeras, de la experiencia. Poder poner en práctica mis 17 años en la profesión y así poner mi semilla en el proyecto, en el cambio pedagógico que creo que necesita la educación, otro gran tema de debate.

¿Qué destacarías del equipo ituitu?

Partiré de la ilusión de Cristina y Jaime, a la hora de decidir crear una escuela de infantil. Y sentir pasión por la educación, pudiendo llevar a cabo el proyecto, dándonos la posibilidad al equipo de participar, aprender y caminar, hacia la ejecución de una pedagogía firme, activa, experimental y enriquecedora para todos.
He de decir que observo en el trabajo del equipo que se aunan las diferentes aptitudes de cada una de las compañeras, se potencian los esfuerzos, se suma la experiencia de las veteranas con la energía de las nuevas generaciones y todo se pone a merced de un proyecto novedoso. Así surge un trabajo de calidad. Creo que todas tienen algo muy especial para estar en el puesto que desempeñan. Y creo que todas tenemos algo en común: ¡nos encanta nuestro trabajo!

A lo largo del año organizamos varias fiestas: Halloween, Navidad, Fallas, Fin de curso… ¿Cuál esperas con más ganas?

Todas las festividades tienen su atractivo, ya que todas son motivo de celebración. Personalmente, creo que el festival de fin de curso es el más emotivo. Después de todo un año trabajando, ese trabajo se ve reflejado en la puesta en escena del último festival. La emoción de crear algo grande para que los niños disfruten, a la vez que aprenden desarrollando la parte artística y la dramatización.
Siempre me ha gustado crear festivales de fin de curso, aprovechando y utilizado conceptos trabajados durante el curso. Además tenemos los sentimientos a flor de piel ya que es la despedida de nuestros más mayores que se van al colegio y nuestra labor con ellos termina aquí.

¿Qué te atrajo del proyecto de ituitu para decidirte a unirte al equipo?

Yo creo que esta pregunta esta recogida en todas las anteriores.
Desde el feeling con Cristina desde el primer minuto, creo que podríamos estar horas hablando de educación, compartiendo visiones desde diferentes posturas pedagógicas o creando el proyecto perfecto.
Ver el equipo que forman, el compañerismo, la confianza, la organización, los roles asumidos… Es un placer poder trabajar con ellas.
Y por último el reto de poder formar parte de la familia ituitu, siendo participe en la educación de todos los niños y familias de la escuela. Hay que recordar que: “Antes de crecer, los baobab empiezan siendo pequeños”.

¡Que aproveche!

Croquetas de pescado con autonomía, crema de coliflor con autoestima, puré a lo “yo solo puedo”… Los platos del menú de ituitu están incorporando nuevos y sabrosos ingredientes. Y es que este mes los niños han estrenado un nuevo espacio de comedor y lo que es más importante, viven una nueva experiencia a la hora de comer. Una experiencia diseñada para potenciar sus conquistas de este curso y continuar favoreciendo su autonomía.

Todos los días, hacia las 11:45, tras haberse lavado las manos, los más de 30 niños de las aula del Mar y el Bosque que se quedan a comer, entran en el aula polivalente y muy seguros de sí mismos se organizan para comer. Puede parecer que es por arte de magia que reine tanta calma y todos coman tan bien, pero no… es planificación, observación y muchas ganas. Bueno, ¡y la riquísima comida de Maribel, claro!

Sentirse autónomos tan pequeños les ayuda a fortalecer la imagen que tienen de sí mismos, y su confianza para continuar aceptando retos. Además, cuando se sienten útiles dentro de un grupo, se refuerza el tan necesario sentimiento de pertenencia social. Por eso, en ituitu la autonomía la trabajamos sin prisa pero sin pausa a lo largo de todo año, en todos los aspectos, dentro y fuera del aula.

Los adultos jugamos un papel esencial en este proceso. Nuestra función es doble: proporcionar a los niños oportunidades en las que puedan tener éxito y resistir la tentación de ayudarles en todo momento.

En septiembre, cuando llegaba la hora de comer, nuestro objetivo era que los niños pudieran sentarse y comer tranquilos. Parece tarea sencilla, pero no siempre era posible. Superado el periodo de adaptación, comenzamos a incrementar poco a poco la colaboración más activa de nuestros comensales. Por ejemplo, darles los pechitos para que se los pusieran ellos solos o pedir un par de voluntarios para repartir los cubiertos. A finales de febrero, las profesoras valoraron que el grupo entero estaba listo para mayores retos, pero observaron que necesitaban más espacio para poder seguir avanzando. Así, reubicaron el comedor dentro de la misma aula polivalente e integrando las rutinas que ya formaban parte del proceso diario, lo redefinieron de principio a fin. El resultado, un grupo grande de niños de entre 2 y 3 años que disfruta comiendo y no necesita prácticamente de la intervención de los adultos a su cargo.

Y esto es lo que ocurre… Hacia las 11:45, los niños entran ordenadamente en el comedor, toman sus pechitos (que ya nadie les da), se los ponen y toman asiento. Ayudan a poner el mantel, mientras dos compañeros reparten las cucharas para el primer plato.

Una vez están listos, por mesas, se van levantando a por su comida y vuelven a su sitio. Al terminar, vacían sus sobras (¡cuando las hay!), dejan el cubierto sucio y el plato en los puntos dispuestos para ello.

A continuación, cogen su segundo plato. Repiten el proceso para el postre, y cuando han acabado, dejan sus pechitos sucios en el lugar indicado. De nuevo en orden y por grupos, vuelven a sus aulas para asearse y preparase para una merecida siesta.

Mientras ellos comen, las profesoras reparten las cestas del pan, sirven agua o más platos cuando alguien quiere repetir, y están disponibles para lo que cualquiera pudiera necesitar.

El secreto de su éxito: hacer protagonistas a los niños de principio a fin, proporcionándoles las condiciones necesarias para que puedan valerse por sí mismos. El resultado: niños satisfechos, una ambiente más tranquilo y ordenado y una comida más deliciosa si cabe. Porque cualquier plato está más sabroso cuando le añades una cucharadita de confianza, medio vasito de autoestima y una pizca de responsabilidad.