Las partes del cuerpo: siluetas de papel

Los niños sienten y se expresan a través de todo su cuerpo. Por ello, es importante ofrecerles experiencias que les ayuden a conocerse físicamente, a descubrir sus posibilidades perceptivas y motrices, a identificar las sensaciones que experimentan, a disfrutar de ellas y a servirse de las posibilidades expresivas del cuerpo para manifestarlas.

OBJETIVOS:

  • Formarse una imagen ajustada y positiva de sí mismo.
  • Enriquecer el lenguaje: reconocer e identificar las diferentes partes externas de su cuerpo.
  • Conocer la identidad propia.

MATERIALES:

  • Papel continuo
  • Rotuladores
  • Ceras, acuarelas u otro tipo de pintura para papel
  • Telas
  • Papel de seda
  • Lanas
  • Gomets
  • Fotos de sus caras, en tamaño A4

DESARROLLO DE LA ACTIVIDAD

  • Con los niños tumbados sobre papel continuo, dibujamos su silueta.
  • Recortamos la cara de la fotografía de los niños y la pegamos sobre su silueta.
  • Cada niño la decora su silueta a su gusto con los diferentes materiales.
  • Para finalizar, cada uno presenta al grupo su silueta.

Dependiendo de la edad de los niños, ellos mismos pueden hacer todos los pasos o pueden contar con la ayuda de un adulto para dibujar las siluetas y/o recortar las fotos.

CONSEJOS PARA EL ADULTO

Esta actividad es perfecta para realizarla al aire libre pero también se puede hacer en casa. Lo importante es estar cómodos y tener todo el material a mano.

Con el fin de respetar el ritmo de cada niño y que la actividad sea una experiencia positiva, no debemos corregir al niño en el momento. La decoración de la silueta es libre y por tanto, debemos dejarles que lo hagan como quieran, y durante la presentación, estar atentos para identificar lo que saben y lo que deberemos reforzar en otro momento.

Para terminar, recogemos entre todos. Y este es el resultado.

¡Esperamos que lo disfrutéis tanto como nosotros!

¡Y se hizo la luz!

En la era de los tablets y los juguetes electrónicos, a veces nos olvidamos de que son los materiales más sencillos los que más estimulan la imaginación de los niños.

Por eso, aprovechando que estamos en “la semana de los sentidos”, os proponemos una actividad para trabajar el sentido de la vista que se puede realizar con objetos cotidianos, de esos que todos tenemos en casa, y que usados con un poco de inventiva, pueden proporcionarnos horas de diversión.

MATERIALES

  • Un foco de luz o una lámpara, lo más intensa posible.
  • Una sábana, cuanto más grande mejor.

OBJETIVOS

  • Fomentar la visión abstracta de objetos y gestos cotidianos.
  • Reconocer a los compañeros del juego únicamente gracias a sus sombras.
  • Disfrutar descubriendo los sentidos de los que la naturaleza nos ha dotado.

DESARROLLO DE LA ACTIVIDAD

Para empezar, deberemos colocar el foco lejos del alcance de nuestros niños y nuestras niñas, apuntando con la luz hacia donde se vaya a posicionar nuestro “público”. A continuación dejaremos un espacio de 1 ó 2 metros y colgaremos la sábana o la tela que hayamos elegido, de forma que quede firme.

A partir de ahí, hay múltiples variantes. La más básica es pedir a alguno o algunos de los niños que se pongan entre el foco y la sábana, y pedirles que hagan gestos mientras el resto mira.

También podemos pedir a un grupo de niños y niñas que se pongan detrás de la sábana, y luego retar al “público” a que los vaya identificando uno a uno, solo a través de sus sombras (¡prestad especial atención en este caso a que no se puedan ver los pies por debajo de la sábana!).

Otra opción es que nosotros elijamos a un niño o una niña y le pidamos que se ponga detrás de la sábana, mientras el resto se tapa los ojos, para a continuación tratar de adivinar quién es la persona que está detrás.

También podemos introducir figuras de animales que podamos hacer con las sombras de las manos (gato, perro, paloma, lobo…), y jugar a adivinar de qué animal se trata.

Por último, podemos aprovechar la infraestructura para hacer un cuento con sombras, recortando en papel o cartulina las siluetas de los personajes y moviéndolos detrás de la sábana.

Como veis, esta actividad tiene una gran cantidad de variantes. ¿Se os ocurre alguna más?

Nuevos territorios para pequeños exploradores

El enriquecimiento continuo de las cinco aulas de 1 a 3 años ha sido una prioridad en lo que llevamos de curso. ¡A esas edades crecen tan rápido que es todo un reto adaptar sus entornos con esa misma velocidad! Para conseguirlo, hemos hecho un gran esfuerzo estudiando minuciosamente la respuesta de los niños ante la organización de sus espacios, y seguimos muy de cerca sus necesidades, asegurándonos de responder con la distribución, los materiales y las actividades más apropiadas en cada momento, con una oferta que permita a cada niño evolucionar a su propio ritmo. Lógicamente, también les tocaba el turno a nuestros bebés. ¡Ellos no iban a ser menos!

Somos muy conscientes de que los cambios en el ambiente de niños tan pequeños deben ser continuos pero graduales, y por eso hemos ido poco a poco, reflexionando cada detalle, y lo cierto es que estamos muy satisfechos con el resultado final.

El aula de los bebés es un espacio respetuoso, amoroso, que responde a las necesidades de cada uno y fomenta su independencia desde los primeros meses. Un espacio que permite la exploración libre y el descubrimiento continuado, en la medida en la que ellos quieran.

Un espacio luminoso gracias a esa cristalera frontal que llena el aula de luz y les permite estar en contacto con lo que pasa fuera…¡porque les chifla estar al tanto de todo! Con áreas claramente diferenciadas para el movimiento, la exploración sensorial, el lenguaje, el descanso, la higiene y la alimentación. Y al mismo tiempo, comunicadas entre sí, permitiendo recorridos abiertos. Un espacio bonito, a su medida, donde todo tiene un propósito, pensado para ellos y que invita a quedarse.

Durante el primer año de vida, los bebés son exploradores sistemáticos y aprendices incansables. Quieren aprender a hablar y desarrollan todos los sentidos pero sobre todo, es el tiempo en el que el movimiento y las ganas de aprender a caminar absorben casi toda su atención. También el vínculo afectivo con sus personas de referencia y el orden en sus rutinas les proporcionan seguridad y confianza. Por esto, los cambios más destacables son la zona de motricidad gruesa y la reubicación de la zona de alimentación.

¡Nuestros niños disfrutan ya del mejor “baby-gym” de la ciudad! A diario podemos verlos pasando de las barras de apoyo para aprender a caminar, al túnel para el gateo o a los módulos de planos inclinados. ¡Dentro de nada ya estarán en el balancín!

Están en plena forma aprendiendo a desplazarse, lo que también les hace más independientes y les permite explorar más y mejor el mundo que les brinda su aula. El secreto del éxito son las nuevas herramientas Pikler que están diseñadas en base a los resultados de décadas de estudio científico del desarrollo motor de los más pequeños y ante todo, la libertad absoluta de movimiento.

También los tiempos dedicados al sueño, a la higiene y a la alimentación son clave para los bebés física y emocionalmente. Por eso hemos habilitado la zona de comer cerca de las cunas, agrupando así estos tres “cuidados esenciales” (alimentación, sueño e higiene). Con el sillón de Simona cerquita, es el lugar perfecto para un achuchón más! También así hemos liberado la zona de “trabajo”, dejando un espacio más diáfano para la exploración. La nueva distribución proporciona mayor calma y mejor organización.

A nosotros nos encanta, pero lo mejor ha sido la respuesta de los niños… ¡no hay quien los pare!

Arriba las manos

“¡Niño, no toques eso!”

“¡Las manos quietas!”

“¡Eso no se toca!”

La de veces que habremos oído estas frases u otras parecidas cuando éramos pequeños… Tal vez por eso en las escuela nos gustan tanto las actividades basadas en el tacto y la manipulación de objetos y texturas. Y es que los niños exploran y aprenden sobre el mundo que les rodea usando sus sentidos: tacto, gusto, olfato, oído y vista.

En la actividad que os proponemos hoy  nos hemos centrado en el tacto, ofreciendo la posibilidad de disfrutar y manipular diferentes texturas. A través del sentido del tacto obtenemos mucha información: que las cosas pueden ser duras, blandas, pegajosas, húmedas, secas, grandes, pequeñas, lisas, rugosas, calientes, frías, etc… Estas experiencias provocan otras oportunidades valiosas de aprendizaje en niños de 6 meses a 3 años, como los contrastes o las clasificaciones, que empiezan a su vez a preparar la mente matemática.

Es importante proporcionar variedad y dejar a los niños libertad en su exploración. El rol del adulto es preparar y disponer los materiales y no interferir más que para responder a posibles preguntas. Tampoco debemos corregir a los niños si pensamos que no están manipulando los materiales como nosotros esperamos. Todo forma parte del proceso de descubrimiento. Sólo tomaremos parte activa si hay peligro o si no se hace buen uso de los recursos.

OBJETIVOS:

  • Conocer, reconocer los sentidos y el órgano que cumple la función de cada uno de ellos.
  • Expresar y comunicar gustos y preferencias por las diferentes texturas.
  • Disfrutar de la experiencia sensorial.

MATERIALES:

Bandejas o cubetas de tamaños similares con diferentes materiales. Estas son las que utilizamos nosotros en clase:

  • Lanas
  • Conchas
  • Yogurt
  • Arena
  • Agua caliente.
  • Agua con hielos.
  • Papel ondulado
  • Troncos de madera
  • Garbanzos
  • Blandiblub
  • Plumas
  • Pasta cocida
  • Harina
  • Arroz
  • Césped
  • Estropajos
  • Esponja
  • Tela de saco.

DESARROLLO DE LA ACTIVIDAD

Se presentará a cada niño las diferentes texturas y se les indicará que se coloquen delante de una bandeja, cada 1 minuto o 2 se pasarán a la bandeja de al lado, hasta que todos hayan pasado por todas las bandejas.

CONCLUSIÓN:

Para terminar, haremos un circulo para que cada uno pueda decir e identificar cuál es la textura que más les ha gustado y por qué.

Os animamos a que probéis esta actividad en casa con vuestros hijos. Primero porque seguro que os da pie a pasar un rato instructivo y divertido con ellos. Y segundo, porque os proporcionará la oportunidad de ejecutar una pequeña venganza, la de poder repetir hasta cansarse: “¡Niño, esto sí se toca!

 

 

¡Que aproveche!

Croquetas de pescado con autonomía, crema de coliflor con autoestima, puré a lo “yo solo puedo”… Los platos del menú de ituitu están incorporando nuevos y sabrosos ingredientes. Y es que este mes los niños han estrenado un nuevo espacio de comedor y lo que es más importante, viven una nueva experiencia a la hora de comer. Una experiencia diseñada para potenciar sus conquistas de este curso y continuar favoreciendo su autonomía.

Todos los días, hacia las 11:45, tras haberse lavado las manos, los más de 30 niños de las aula del Mar y el Bosque que se quedan a comer, entran en el aula polivalente y muy seguros de sí mismos se organizan para comer. Puede parecer que es por arte de magia que reine tanta calma y todos coman tan bien, pero no… es planificación, observación y muchas ganas. Bueno, ¡y la riquísima comida de Maribel, claro!

Sentirse autónomos tan pequeños les ayuda a fortalecer la imagen que tienen de sí mismos, y su confianza para continuar aceptando retos. Además, cuando se sienten útiles dentro de un grupo, se refuerza el tan necesario sentimiento de pertenencia social. Por eso, en ituitu la autonomía la trabajamos sin prisa pero sin pausa a lo largo de todo año, en todos los aspectos, dentro y fuera del aula.

Los adultos jugamos un papel esencial en este proceso. Nuestra función es doble: proporcionar a los niños oportunidades en las que puedan tener éxito y resistir la tentación de ayudarles en todo momento.

En septiembre, cuando llegaba la hora de comer, nuestro objetivo era que los niños pudieran sentarse y comer tranquilos. Parece tarea sencilla, pero no siempre era posible. Superado el periodo de adaptación, comenzamos a incrementar poco a poco la colaboración más activa de nuestros comensales. Por ejemplo, darles los pechitos para que se los pusieran ellos solos o pedir un par de voluntarios para repartir los cubiertos. A finales de febrero, las profesoras valoraron que el grupo entero estaba listo para mayores retos, pero observaron que necesitaban más espacio para poder seguir avanzando. Así, reubicaron el comedor dentro de la misma aula polivalente e integrando las rutinas que ya formaban parte del proceso diario, lo redefinieron de principio a fin. El resultado, un grupo grande de niños de entre 2 y 3 años que disfruta comiendo y no necesita prácticamente de la intervención de los adultos a su cargo.

Y esto es lo que ocurre… Hacia las 11:45, los niños entran ordenadamente en el comedor, toman sus pechitos (que ya nadie les da), se los ponen y toman asiento. Ayudan a poner el mantel, mientras dos compañeros reparten las cucharas para el primer plato.

Una vez están listos, por mesas, se van levantando a por su comida y vuelven a su sitio. Al terminar, vacían sus sobras (¡cuando las hay!), dejan el cubierto sucio y el plato en los puntos dispuestos para ello.

A continuación, cogen su segundo plato. Repiten el proceso para el postre, y cuando han acabado, dejan sus pechitos sucios en el lugar indicado. De nuevo en orden y por grupos, vuelven a sus aulas para asearse y preparase para una merecida siesta.

Mientras ellos comen, las profesoras reparten las cestas del pan, sirven agua o más platos cuando alguien quiere repetir, y están disponibles para lo que cualquiera pudiera necesitar.

El secreto de su éxito: hacer protagonistas a los niños de principio a fin, proporcionándoles las condiciones necesarias para que puedan valerse por sí mismos. El resultado: niños satisfechos, una ambiente más tranquilo y ordenado y una comida más deliciosa si cabe. Porque cualquier plato está más sabroso cuando le añades una cucharadita de confianza, medio vasito de autoestima y una pizca de responsabilidad.

¡Quieto todo el mundo!

¡Lo nunca visto! Esta semana en ituitu ha tenido lugar un acontecimiento asombroso. Varios testigos afirman que en al aula de The Farm, el viernes pasado… ¡había alguien quieto! ¡Total y completamente inmóvil! Un suceso asombroso para una escuela infantil como la nuestra en la que la inmovilidad brilla por su ausencia. Nuestros niños saltan, corren, bailan, giran, ruedan… ¡no paran un momento! Nuestras profes tampoco… ¡es la única forma de seguir el ritmo los peques! Pasada la impresión inicial, reconocimos a la figura en reposo que contrastaba con el ajetreo que reinaba en el resto del aula. Era Cristina, la gerente de ituitu, que en este artículo nos desvela los motivos de esa inédita quietud.

En ituitu pensamos que una comunidad educativa es un sistema vivo que está en constante evolución. Por eso, desde que abrimos estamos inmersos en un proceso de mejora continua.

Para este curso, nuestra principal prioridad es favorecer más el desarrollo individualizado de cada niño. Para ello, llevamos ya meses centrados en la mejora de nuestras aulas, desde la organización de los espacios hasta el tipo de recursos que en ellas se encuentran. Empezamos este curso con mobiliario nuevo, más bajito, para estar mejor al servicio de los niños. Sustituimos todos los juguetes por material sensorial y cognitivo. Reducimos la decoración para tener ambientes más calmados. También sabíamos que para hacerlo con rigor, hacía falta una formación sólida. Hoy ya estoy a punto de obtener mi título de guía Montessori 0-3 años, que es la metodología que mejor aborda este aspecto.

Tras un trimestre y la experiencia positiva de las profesoras, hemos querido hacer una valoración objetiva. Por eso, cada viernes paso parte de la mañana en un aula, observando el espacio y como los niños interactúan con su entorno. Me siento en un rincón, para interferir lo menos posible, y escribo todo lo que veo y percibo. Recojo mucha información que después valoramos en equipo.

Desde el principio de los tiempos, la observación ha sido una herramienta esencial para el progreso humano, un factor clave en nuestra supervivencia, orientación, adaptación y evolución. También ha sido la observación lo que ha posibilitado grandes avances en el estudio del hombre, ya sea en la educación o en el campo de las ciencias.

En mi experiencia, observar no es fácil porque requiere prestar atención con todos los sentidos, fijarse en la riqueza de los detalles y estar presente en cuerpo y alma, dejando a un lado cualquier distracción. En estas sesiones, busco responder a las siguientes preguntas: ¿está bien distribuido y organizado el espacio?, ¿permite a los niños moverse con libertad y explorar el aula tranquilamente?, ¿están todas las áreas bien dotadas de materiales?, ¿son estos materiales los más adecuados para estos niños?, ¿en qué condición están, hace falta reemplazar algo?, ¿hay material que ignoran por completo?, ¿es el aula estéticamente agradable?, ¿cómo se gestiona el orden dentro del aula?

Toda la información objetiva que estoy obteniendo nos permite luego reflexionar sobre el proceso de aprendizaje y tomar las decisiones oportunas. Gracias a eso, se ha abierto un diálogo muy interesante con las profesoras.

Por ejemplo, en los grupos de 1-2 años detectamos una importante necesidad de movimiento libre – de subir, bajar, escalar- por lo que hemos comprado el triángulo y la rampa Pikler, para que puedan hacerlo tanto en el patio como en las aulas… ¡y han sido todo un éxito!

Este proceso de observación está siendo tan enriquecedor que pensamos hacerlo una práctica habitual, pudiendo extenderlo a otros aspectos, como los propios niños y las profesoras.

La observación es igual de poderosa en casa pero la vida rápida que todos llevamos no nos lo pone fácil. Siempre hay urgencias que atender, tareas pendientes y compromisos ineludibles. A veces, esa premura permanente nos dificulta prestar verdadera atención a lo que nuestros hijos hacen o dicen, a cómo lo hacen y cómo lo dicen, sin intervenir ni interrumpirles. Basta hacerlo un rato cada día para comprenderlos mejor y saber todo lo que necesitamos sobre sus preferencias y necesidades. Por eso, si conseguimos cambiar el chip, parar un momento y sentarnos a observarles, veremos que no hay tiempo mejor invertido que el que dediquemos a mirarles.

Gestionar las rabietas

 El pasado 28 de febrero tuvimos una nueva edición de nuestra Escuela de Padres en la que se trató el tema de las rabietas. Lo impartió Mar Buades, psicóloga y especialista en inteligencias múltiples. En este artículo, Mar nos resume las claves para entender por qué se producen y cómo gestionarlas.

Todos tenemos 6 emociones básicas, de ellas tres nos vienen “de serie” y otras tres nos vienen entrenadas. Las emociones de serie son: ira, miedo y tristeza. Estas emociones son de supervivencia, sin ellas no podríamos afrontar las situaciones que nos depara la vida. Por ejemplo, la ira nos ayuda a decir: “basta, esta situación, no me gusta”. El miedo nos facilita la huída ante situaciones de peligro y amenaza. La tristeza nos protege, nos conduce a tomar conciencia de lo que es negativo para nosotros, nos ayuda a digerir y procesar las vivencias negativas a través del duelo, reordenando nuestras ideas y emociones para adaptarnos mejor a nuestro entorno.

Las emociones entrenadas son: alegría, amor, felicidad, a las que podríamos añadir también la sorpresa. Estas emociones son educadas, y según el grado de amor, felicidad o alegría, con el que nos eduquen, nos desarrollaremos más o menos en esa emoción.

Es importante tener en cuenta que no podemos ni debemos extinguir una emoción, ya que todas son útiles para sobrevivir. Sin embargo, como padres sí que podemos ayudar y acompañar a nuestros hijos en la vivencia de sus emociones ayudándoles a gestionarlas mejor.

Las rabietas son una subemoción de la ira, y se manifiestan por un pico de frustración que los peques no pueden controlar aún. Entre el 50% y 80% de los niños tienen rabietas al menos una vez a la semana, y el 20% todos los días.

Las claves para una correcta gestión emocional de las rabietas son:

1.- Conocer cuál es mi estado emocional como padre. Si estoy enfadado, nervioso… puedo contagiar mi emoción a mi peque, por tanto debo esforzarme por mantener la calma y la serenidad, o pedir un relevo y distanciarme hasta que esté en condiciones de afrontar la situación.

2.- Evitar los sentimientos de culpa. La ira es una emoción natural e interpretarla desde esquemas de culpabilidad no ayudará a superar la situación.

3.- Ser claros y concisos en lo que pido o espero de mi hijo. Es la mejor manera para abrir una vía de comunicación en unos momentos en que el niño está centrado en sus propias emociones.

4.- Mantener el consenso y la complicidad entre los adultos de la casa. La unidad de acción es fundamental para que la respuesta sea consistente.

5.- Conectar con mi hijo y empatizar, en ese momento me necesita más que nunca.

6.- Respetar. Educar en el respeto y con unos límites que respetamos todos, también respetamos su “momento” de enfado, todos podemos estar enfadados.

7.- Expresar mis sentimientos, lo que me gusta y lo que no. Ofrecer alternativas (no sólo decir lo que no puede hacer, si no ofrecerle la alternativa de lo que sí puede).

8.- Poner límites ya que estos ofrecen seguridad, respeto y una base para la convivencia.

En resumen, las rabietas infantiles son una parte normal del desarrollo infantil, así que la mejor forma de afrontarlas es con normalidad, calma, y en la medida, de lo posible, sentido del humor. Es además una fase necesaria, ya que en ella los niños aprenden a tolerar la frustración, un aprendizaje vital imprescindible para vivir en una sociedad en la que tendrán que lidiar con normas, límites y renuncias. Que lo consigan dependerá mucho de nuestra capacidad para transformar sus berrinches en oportunidades para enseñarles habilidades emocionales que les ayudarán a ser adolescentes y adultos maduros y equilibrados el día de mañana.

 

¡Qué frío!

Cuando a principios de este año los meteorólogos anunciaron que el mes de enero sería el más frío en décadas, algunos nos hicimos la ilusión de que veríamos la ciudad cubierta de blanco. Y aunque al principio estábamos un poco decepcionados porque no nevó en Valencia… nos pusimos muy contentos cuando vimos que… ¡en ituitu sí!

¿Cuáles fueron las causas de tan misterioso y localizado fenómeno metereológico? ¿Tal vez el caprichoso microclima de nuestro patio? ¿O una repentina y prodigiosa capacidad de nuestro equipo  para controlar los elementos atmosféricos?

La verdad es que lo que hizo que nevara en ituitu fue… la ilusión.

Los que habéis llevado a vuestros hijos a ver la nieve sabéis la carita que se les pone cuando la ven. Y nos apetecía ver nosotros también esa sonrisa. Así que este mes hemos hecho un montón de actividades relacionadas con la nieve. ¡Los niños las han disfrutado como enanos!

De modo que ahí van algunas pistas por si queréis repetirlas en casa y hacer que nieve en el salón o hiele en la cocina 😉

Pintura con hielos de colores

Es una forma de trabajar el cambio de temperatura y las diferencias entre frío y calor. Al mismo tiempo desarollan su parte artística dándole color al hielo y pintando.

Muñecos de nieve (con espuma)

Los hemos hecho utilizando espuma de afeitar previamente congelada. Con ellos hemos querido experimentar el tacto de una textura lo más parecida posible a la nieve, y de paso desarrollar su parte creativa, al mismo tiempo que trabajamos la inteligencia natural y espacial. ¡Nos han quedado muy chulos!

Muñecos de nieve (con arroz)

Cada niño iba dándole forma a su muñeco con el arroz, en una actividad que potencia la destreza oculo-manual y sirve también para desarrollar la inteligencia lingüística, ya que los niños iban hablando sobre las diferentes prendas de invierno a medida que se las iban colocando. ¡Y de qué manera! Nos quedaron tan monos como los de espuma o más 🙂

Copos de nieve

Las clases de un año han trabajado con Marta, Sofía y Susana el cambio de temperatura durante el invierno y la diferencia entre frío y calor a partir de los copos de nieve, con una actividad manipulativa a través de la que fomentamos las inteligencia espacial y la naturalista.

Además, hemos aprendido vocabulario relacionado con las prendas de invierno (gorro, bufanda, guantes, abrigo…) y también hemos practicado cómo se usan y a qué parte del cuerpo corresponden.

En la clase de La Granja, Simona ha trabajado el invierno con varios talleres:

-Winter’s colours, en el que los niños desarrollaban la sensibilidad por los colores de la naturaleza en invierno.

-“Las cuatro estaciones”: escuchamos la música de Vivaldi y sonidos de la naturaleza en el invierno, y trabajamos la sensibilidad a los cambio de ritmo y melodía, relacionándolos con las emociones que nos provocan las estaciones y la música, para favorecer así la inteligencia musical e intrapersonal.

Gracias a todas estas actividades el gélido invierno está resultando ser la más divertida de las estaciones… ¡y hasta estamos impacientes por que llegue la próxima ola de frío!

“Hemos superado el reto de hacer comida casera en un centro educativo”

En ituitu consideramos que una alimentación variada y saludable es crucial para el correcto desarrollo infantil. En nuestros menús, que diseñamos siguiendo las pautas de un nutricionista infantil, nunca encontrarás zumos de brik, bollería industrial o palitos de pescado. La comida se elabora en el centro, con productos frescos y de temporada. Platos clásicos de nuestra cocina como el arroz a banda, el pastel de pescado o los crepes de atún tienen ya una legión de pequeños fans que se chupan los dedos cada vez que se los ponemos en la mesa. La principal “culpable” de esto es Maribel, nuestra cocinera. Ella es la responsable de que nuestros peques disfruten por igual de las hamburguesas que de las berenjenas, o de que prefieran un batido de frutas a un donut de chocolate. Por eso, Maribel es para nosotros una pieza fundamental del equipo ituitu, y su trabajo en la cocina, tan importante como el que sus compañeras profesoras hacen en las aulas.

Hola Maribel, haznos una breve descripción de ti misma y de cómo nace tu interés por la cocina.

Desde pequeña me ha gustado la cocina y cocinar para los demás. Hace ocho años, aproximadamente, decidí estudiar cocina y empecé a dar mis primeros pasos en este maravilloso mundo repleto de sabores.

Me gusta cocinar todo tipo de platos y probar nuevas combinaciones. Mis preferidos son los arroces, tanto tradicionales como novedosos; y reconozco que lo que menos me gusta preparar son las croquetas… ¡pero a los niños les encantan!

¿Qué balance haces del tiempo que llevas en la escuela?

Estos casi cuatro años que llevo en ituitu han sido un continuo camino de aprendizaje, sobre todo en cuanto a planificación y organización. Además he podido llevar la cocina “de casa” a un centro educativo, lo cual es todo un reto. Creo que, con ayuda de todo el equipo, hemos conseguido que los niños coman en el centro el mismo tipo de comida casera que comen cuando están con sus familias.

¿Cual es tu función en el centro? ¿Cómo te llevas con los peques?

Elaboro lo que cada día comen los niños en la escuela partiendo de productos naturales y lo menos preelaborados posible. También llevo la comida al comedor, por lo que todos los días veo a los niños y puedo interactuar un poquito con ellos. Me encantan esos momentos tan alegres, cuando les pregunto si tienen hambre, o si se lo han comido todo. ¡Y son tan sinceros!

¿Cuáles son tus metas para este año?

Espero seguir mejorando en la elaboración de las comidas para que nuestros niños crezcan sanos y aprendan a comer de forma saludable y equilibrada.

¿Qué destacarías del equipo de Ituitu?

Su alta implicación en el funcionamiento del centro y en la evolución de los niños. Cada niño es importante y cada persona del equipo es importante.

A lo largo del año organizamos varias fiestas: Halloween, Navidad, Fallas, fin de curso… ¿Cuál esperas con más ganas?

Todas las fiestas que se organizan en el centro me gustan, pero me ilusiona de forma especial la actividad de la granja. Durante un día los animales se instalan en Ituitu y la escuela se transforma y se llena de vida. Es impresionante ver la expresión de los niños cuando tienen tan cerca a los animales y pueden verlos, tocarlos o darles de comer.

¿Qué es lo que te atrajo del proyecto de Ituitu para decidirte a unirte al equipo?

Yo destacaría la variedad en el menú de comidas. Cada mes se elabora un menú distinto, con los productos de temporada de ese mes. Incluso a lo largo del año se introducen elaboraciones nuevas, o se descartan otras en beneficio de que los niños coman mejor.

También se tiene en cuenta las particularidades de cada niño: intolerancias, alergias, si algún día precisan de una dieta especial…

Todo esto hace de este trabajo un reto diario que hay que superar y eso me gusta.

 

Propósitos para el nuevo año

Muchos encontramos en un ciclo que comienza la energía y la motivación para plantearnos nuevos retos. En realidad, en ituitu pasamos por este proceso cada mes de julio, cuando hacemos balance global del curso que ha acabado y establecemos los objetivos para el curso siguiente. No obstante, la llegada de enero marca el principio del segundo trimestre y es un momento ideal para repasar cómo vamos y recalibrar lo que sea necesario.

Para el equipo de ituitu, lo más importante es la experiencia que las familias viven con nosotros. Hemos llegado al final del 2016 con los niños adaptados y disfrutando de su entorno y sus rutinas. Hemos llevado a cabo una encuesta de satisfacción muy detallada y también el feedback de las familias es muy positivo. Sobre esta base de confianza en lo que estamos haciendo y cómo se está llevando a cabo, podemos continuar evolucionando.

Tres son las áreas en las que nos estamos centrando este curso:

  • El entorno en las aulas: comenzamos el curso con la clara proposición de transformar nuestras aulas en espacios aún más interesantes para los niños, más acogedoras y que les transmitian ganas de explorar. Lo hemos hecho eliminando juguetes y mucha de la decoración, introduciendo más recursos sensoriales, fundamentalmente materiales Montessori, y reorganizando los espacios a su medida. Es necesario que gestionar la cantidad de material que los niños tienen a su alcance para que puedan manipularlo, entenderlo y llegar a dominarlo sin sentirse abrumados por demasiadas alternativas.

  • El patio: queremos continuar dotándolo de oportunidades que fomenten la exploración sensorial. Nadie como los propios niños para indicarnos qué necesitan y qué les interesa. Hemos puesto un módulo táctil en la pared, con un montón de texturas, con el que interactúan mucho. Hemos delimitado un aparcamiento para los vehículos para que el orden no sea algo sólo pertinente al aula, y ya pueden disfrutar de su “tipee” para descansar. Estamos considerando otras opciones, como el uso del agua. ¡El reto es mantenerlos secos con el frío que aún hace!

  • Desarrollo del movimiento: hace ya tiempo que venimos dando mucho protagonismo al desarrollo de la autonomía de los niños. Sabemos que cuanto más autónomos son, mayor es su confianza en el entorno y en sí mismos, y mejor es su autoestima. No obstante, el desarrollo de la autonomía depende directamente del nivel de movilidad del niño.

Coger su vaso, servirse agua o ponerse los zapatos, depende de la capacidad de movimiento de sus manos. Subir sola al tobogán o poder llevar su silla de un lado a otro, sin ayuda de un adulto, de su motricidad gruesa. Al mismo tiempo, el desarrollo del movimiento implica una mayor capacidad de manipulación (si puedo alcanzar el objeto que quiero, ¡lo podré explorar!) y de amplitud de horizontes (ahora que me desplazo, puedo descubrir todos los rincones). De este modo, el movimiento global contribuye en gran parte a la visión del mundo que los niños van creando. Por tanto, hay una relación directa entre el desarrollo motriz y el desarrollo psicológico infantil. Para reforzar lo que ya venimos trabajando, estamos invirtiendo en mobiliario especializado. Los primeros muebles Pikler y la famosa tabla curva llegan en febrero. ¡Tenemos muchas ganas de estrenarlos!

Mientras tanto, seguiremos trabajando en el mejor propósito que se nos ocurre, el mismo que nos hemos hecho año tras año, curso tras curso: que ituitu sea la mejor escuela posible para vuestros hijos.